Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2004.

01/02/2004

Convertirse en una estrella fugaz

sts-107-patch_small.gifMás de un demagogo escribía estos días a las secciones de cartas al director de los periódicos haciéndose la siguiente pregunta: con la de hambre que hay en el mundo, ¿cómo es posible que nos gastemos los dineros en ir a Marte? Tan sesuda intervención en la prensa escrita supone lo mismo que preguntarse cómo es posible que nos gastemos el dinero en bibliotecas, planetarios y museos científicos con la de familias pobres que hay en España según Cáritas. Bien es cierto que la cultura no alimenta el estómago, al menos directamente, y mucho menos de terceros, pero que seamos tan insolidarios a la hora de repartir los recursos no tiene nada que ver con que sea adecuado transformar la NASA y la ESA en ONGs. La exploración espacial significa avances científicos, avances aplicables posteriormente a mejorar la vida de las personas y en un mayor conocimiento sobre nosotros mismos y el Universo que nos rodea, lo que supone un paso a la hora de descubrir cosas nuevas.

El 1 de febrero de 2003 me sentí especialmente triste cuando me enteré de repente de lo que había ocurrido con el Columbia. Aquella misión STS-107 tripulada por Rick D. Husband, William C. McCool, Michael P. Anderson, Kalpana Chawla, David M. Brown, Laurel B. Clark e Ilan Ramon fue la última para un vehículo de 20 años y 28 misiones a cuestas, que revolucionó la investigación espacial. Habían partido el 16 de enero, y a través de la página web de la NASA se podían seguir, como es habitual, las evoluciones y objetivo de cada uno de los experimentos científicos que tenían lugar a bordo, así como su modo de vida, e incluso la música con la que cada día les despertaban desde el centro de control, entre las que estaban Bohemian Rhapsody de Queen o Hotel California de Eagles. El día 1 de febrero durante la reentrada, el infortunio se cruzó en su camino y la nave comenzó a arder como una cerilla con el enorme rozamiento con la atmósfera terrestre, transformándose en una hermosa y siniestra estrella fugaz vista desde tierra, quizá la forma más bella y elegante que podría tener un astronauta para despedirse.

El Columbia fue el primer transbordador espacial, hizo su primera misión en 1981. El ahorro que suponía contar con naves reutilizables por primera vez en la historia, hizo que el Columbia tuviera su primer hermano en 1982, el malogrado Challenger, que explotó tras un lanzamiento en 1986. En 1983, el Discovery, en 1985 el Atlantis, y en 1991 entró en servicio el sustituto del Challenger, el Endeavour. Estos tres últimos todavía están en servicio, aunque el programa está detenido en estos momentos.

Seguramente en estas fechas el Columbia será objeto de emotivos recuerdos y beneficiosos souvenirs que tanto gustan a una sociedad americana siempre tan necesitada de héroes. Quizá los tengan en unas personas que han dado su vida por el conocimiento y por mejorar la condición humana. Los demagogos pueden preguntarse entonces si para acabar con el hambre en el mundo no será mejor empezar por dejar de fabricar y vender armas y establecer un comercio justo con los países del tercer mundo, antes de renunciar a una de las más loables causas en las que se han gastado el dinero hasta ahora los Estados Unidos, en lugar de hacerlo en guerras estúpidas fuera de sus fronteras. Eso ennoblece la causa por la que la tripulación del Columbia brilló tanto hasta el mismo momento de su desaparición.
01/02/2004 05:10 #. Hay 5 comentarios.

02/02/2004

Descubriendo el mundo

Ricola2.jpgAcabo de tomarme el último caramelo de hierbas suizas cuya marca... voy a omitir, para que me alivie un poco los dolores de garganta que se originan en mi estado griposo permanente desde que las Navidades tocaron a su fin. No voy a ponerme a profundizar ahora sobre los vaivenes del tiempo, eso lo dejo para los ascensores de la facultad, pero es que una noche estamos a 4 ºC y a la siguiente, a 17 ºC, que son los que hay ahora mismo, y con estas idas y venidas no hay quien se cure. Claro que si mis propias idas y venidas fueran menos frecuentes, ayudaría.

El caso es que me quedé chupando el caramelo y escuchando música relajadamente delante del ordenador y me quedé mirando para la cajita. No es nada especial, es una cajita amarilla, de cartón, con la forma de una cajetilla de tabaco en pequeño con unas plantitas dibujadas en la parte de abajo, cuya especie desconozco, dado que soy de asfalto. Pero lo que más me ha llamado la atención, y no había reparado hasta ahora, es la existencia de una lengüetita de cartón que tiene para sujetar la tapa automáticamente cuando se cierra, enganchándose en los pliegues de la misma. Esto evita que cuando la llevas en el bolsillo se abra, esparciendo todos los caramelos en el interior del mismo. Me pregunto por qué las cajas de chicles en gragea que compro habitualmente no tienen esta característica y siempre acaban esparcidos por el bolsillo interior de mi cazadora llenos de pelusa. En fin, me siento como un niño pequeño que está descubriendo cosas nuevas.

¿A que me aburro?
02/02/2004 23:22 #. Hay 2 comentarios.

10/02/2004

Trazo de tiza (2)

Sellos.jpgHace unos días os hablaba de la exposición sobre la obra de Miguelanxo Prado que se pudo ver en el Kiosko Alfonso de A Coruña. Cual no será mi sorpresa que hoy leo en la prensa que Correos emite una serie de sellos dedicados al volumen al que dedicábamos el título del post: Trazo de Tiza. Parece ser que el propio autor ha escogido las viñetas que formarán los sellos de 27 céntimos de la serie, y que en ellos ha primado la presencia del mar. Desde luego, me va a faltar tiempo para ir al estanco.
10/02/2004 21:37 #. Hay 4 comentarios.

11/02/2004

Los submarinos de Gila

portela4.jpgHace unos días tuve oportunidad de ver unas diapositivas recientes del aclamadísimo cementerio de César Portela en Fisterra y no pude salir de mi asombro ante el panorama. Lleva cuatro años hecho y parece que han pasado cuarenta. Además de que nadie quiere enterrarse allí, los hierbajos crecen por doquier, mientras la humedad y el verdillo, que le dan a la Catedral de Santiago ese color tan especial, no le están haciendo ningún favor. Todo esto me ha hecho reflexionar, no sin gran tristeza, hacia dónde vamos, qué es lo que buscamos en la arquitectura.

El cementerio fue concebido como una serie de artefactos de granito con forma cúbica y que albergan los nichos. Son de una construcción muy sencilla y están dispersos por el paisaje mirando al mar, como si fueran los restos de un naufragio para hacer un homenaje a todos aquellos que han desaparecido en el océano de una costa traicionera que nunca deja de hacer honor a su nombre. Está situado en la parte más baja de la ladera de una montaña y el acceso es realmente complicado, y aquí vienen los problemas.

Desde mi humilde opinión, como proyecto teórico, es muy bueno. Pero a la hora de llevarlo a la práctica, hay que pensar que la gente mayor, asídua a los entierros por obligación, cotilleo, o a veces, mero deporte, no va a estar por la labor de bajar por una ladera cuya pendiente haría sonrojar a las etapas más duras del Tour de Francia. Y ya no digamos a la hora de ir a visitar las tumbas. Por si fuera poco, está una cultura católica fuertemente arraigada, que no se siente identificada con estas formas minimalistas, quizá por una falta de cultura o bagaje arquitectónico. Y estamos hablando de un proyecto muy celebrado, incluyendo la final del premio Mies van der Rohe, aunque lo cierto es que ciertos medios tienden a celebrar todo lo que Portela haga, sin ningún tipo de reflexión que lleve a esa conclusión. El resultado es un cementerio más solitario que cualquiera, en el que ni siquiera hay muertos. Ahora a algunos se les llena la boca diciendo que es un conjunto escultórico para recordar a los que murieron en el mar, que además no es malo, pero es una triste determinación tomada a posteriori al ver que arquitectónicamente no funciona.

Esto es sólo un ejemplo por ser el que me ha llevado a reflexionar, pero hay muchos más. Que los edificios envejezcan 10 años por cada uno que pasa les sucede también a algunas obras del maestro portugués Alvaro Siza Vieira, como la facultad de Ciencias de la Información de Santiago de Compostela, no se trata de una crítica fácil. Hay muchas obras a nuestro alrededor a las que les sucede lo mismo que a los submarinos del monólogo de Gila: "de color bien, pero no flotan".

¿Para quién se proyecta? En muchas hay que pensar si la arquitectura se hace para otros arquitectos, para que los colegas de profesión y los estudiantes digan lo buenos que somos, para que quede chulo en la portada de la revista de turno, o realmente se proyecta para la gente. Parece ser que sigue vigente aquello que decía el tratadista romano Vitruvio en sus Diez Libros de la Arquitectura: toda obra ha de tener un equilibro entre la firmitas (firmeza), venustas (belleza) y utilitas (utilidad). Cuando nos falla una de estas premisas, el resultado queda cojo; igual de cojo que el resultado de aquel racionalismo salvaje del Movimiento Moderno, como se demostró con las sucesivas corrientes críticas que comenzaron con el Team X. Sin embargo, estamos en un momento que a veces sucede todo lo contrario cuando lo más seguro es que la virtud, como siempre, se encuentre en el medio. No creo en la arquitectura formalista, pero mucho menos cuando ese formalismo anula por completo la función para la que fue designada. ¿O es que hay algún Ferrari que no ande?
11/02/2004 19:03 #. Tema: Nuestra especialidad Hay 2 comentarios.



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